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La Explanada de San Juan

Los Límites de la Fantasía

Esta historia acontece en la época cuando las murallas y baluartes de Campeche aún estaban en construcción; cuando la valentía y la habilidad con la espada eran cualidades imprescindibles, motivos de orgullo en el espíritu de los pobladores…

En el seno de una opulenta familia nació un joven que recibió el nombre Cosme de Santaclara. Desde pequeño fue mimado y creció sin freno, acostumbrado a obtener todo lo que deseaba, por pequeño que fuera el capricho. Así fue como se ganó el apodo de “Terrible”.

Sus padres, como era tradición en la alta sociedad, decidieron enviarle a España con la esperanza de que una educación apropiada y un cambio de ambiente le permitieran madurar, para regresar como un hombre completo.

Cosme tomó el barco y arribó, con su equipaje repleto de doblones. Nunca tocó el campus de una escuela o se molestó en leer un libro, inmediatamente al bajar del navío se dedicó a mentir, seducir y ganar popularidad en distintos círculos sociales como aquél que siempre pagaba la cuenta y hacía llover regalos a las jovencitas.

También, en algún momento, decidió robar la espada de uno de sus conocidos.

El dinero eventualmente fue agotado por tanto exceso y Cosme partió de regreso a Campeche, con una espada como único sustituto a una educación. Al llegar, salió de cualquier problema con sus padres hablando y mintiendo.

Por supuesto, no logrando resistir ser el foco de atención, decidió pavonearse por toda la ciudad de Campeche una y otra vez, mostrando su espada y contando historias de sus incontables duelos a cualquiera que prestara atención…

Duelos falsos, pues nunca había empuñado su arma en combate.

Sin embargo, su insistencia en hablar sobre sí mismo y la falta de opciones para corroborar sus historias le ganaron la fama de un espadachín peligroso y honorable. Los hombres tenían cuidado y las mujeres caían rendidas ante él.

Se llegó a decir que cuando un pobre sujeto lo encontraba con su esposa, mostraba el mayor respeto posible hasta que el joven se retiraba; más valía tener cuidado y vivir, que desafiar al guerrero y perecer.

Después de un tiempo de obtener todo lo que deseaba en la ciudad, Cosme decidió explorar fuera de la muralla y encontró una pequeña casa, donde una bella joven llamada Irene contemplaba el horizonte sentada en el pórtico.

Inmediatamente comenzó a usar su lengua de plata para intentar seducirla.

Ya comprometida con un trabajador llamado José, Irene buscó cortésmente parar los avances de Cosme, pero éste no aceptaba una respuesta negativa y empezó a asediarla, hasta que José se dio cuenta y un día furioso fue por su machete. Irene le imploró tener cuidado, pues había escuchado las historias del implacable espadachín, pero él ya estaba cansado y le hizo frente.

Como era de esperarse, el diálogo no funcionó y Cosme inmediatamente insultó a José, quien decidió lanzarse sobre el arrogante indeseable, pero éste tuvo suficiente tiempo para reaccionar y esquivarlo. Cuando José cayó al suelo sintió la fría hoja de la espada en su garganta, después, una fuerte bofetada y escuchó un desafío: al día siguiente, antes del alba, debía acudir a la Explanada de San Juan para un duelo.

José llegó puntual a la cita y encontró a un Cosme erguido, que fanfarroneó diciéndole cómo iría al encuentro con su prometida en cuanto su cuerpo cayera sin vida.

Santaclara mostró su arma para inspección y, al darse cuenta de que José no cargaba una espada preguntó cómo es que sería un combate justo. Sin agregar nada, el campesino sacó un garrote y golpeó al espadachín, una y otra, y otra, y otra vez…

Varios meses estuvo Cosme de Santaclara inmovilizado por la golpiza que recibió ese día, pero después de un tiempo de recuperación, el ánimo le permitió salir a tomar el sol al pórtico de su hogar.

Uno de ésos días, cuando el recuerdo de la derrota y la humillación le dejaba con la mirada perdida llegó un grupo de hombres… todos esposos que habían soportado la infidelidad de sus mujeres con el “espadachín”; inspirados por haber descubierto la verdad gracias al duelo en la Explanada, comenzaron a turnarse para semanalmente visitar al farsante y golpearlo, hasta que se volvió tradición.

Finalmente, los padres de Cosme decidieron enviarle de nuevo a España para salvarle la vida y ahora sí acudir a una casa de estudios, todo el tiempo supervisado por un pariente ibérico que se aseguraría de mantener al hablador en cintura.

De Cosme ya no se volvió a hablar, pero la historia de cómo el honor y la verdad triunfaron en la Explada de San Juan nunca ha sido olvidada.

La Explanada de San Juan

Escucha cada detalle de la leyenda de La explanada de San Juan.

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