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Palenque

Ciudad Custodiada por la Selva

Palenque, el nombre con el que actualmente conocemos a esta misteriosa ciudad prehispánica, significa “lugar techado o cercado”. Pero su verdadero nombre es "Bakal-Ham" que significa "muchas aguas".

La ciudad estuvo habitada desde el año 300 a. e. c., pero la zona principal y los edificios fueron levantados entre los siglos ocho y nueve e. c., que es cuando Palenque alcanzó su apogeo. Posteriormente fue abandonada por razones desconocidas.

La jungla y el tiempo la cubrieron hasta que fue “descubierta” en 1773 y, misteriosamente no se le volvió a ubicar hasta 1784.

Ésta es una ciudad maya que se descubre y olvida a través de los siglos, como perdiéndose temporalmente para ser descubierta cada vez con más esplendor, sembrando siempre más dudas que respuestas en los investigadores y arqueólogos quienes, en cada expedición, descubren elementos nuevos, solamente para darse cuenta que los misterios parecen seguir creciendo.

Es importante recordar que la selva no detiene su crecimiento, y los exploradores de cualquier época anterior al siglo XX no se distinguían por ser suaves y cuidadosos, así que es comprensible que cada expedición subsecuente se encontrara con un panorama donde la vegetación se “comía” a las estructuras.

Ahí, en medio de la selva, el fuego era el método más rápido para limpiar el lugar. El costo de pérdida de estas acciones sólo fue apreciado hasta ver las estructuras de cerca.

En 1841, el escritor y viajero estadounidense John Lloyd Stephens publicó una obra que atrajo la atención hacia Palenque y despertó la curiosidad mundial hacia la civilización maya; con afirmaciones como:

“De todo el romanticismo de la historia del mundo, nada me ha impresionado tanto como el espectáculo de esta ciudad, antaño grande y hermosa, y hoy derruida, desolada y perdida.”

Palenque salió verdaderamente del olvido gracias a dos americanos: el periodista John L. Stephens y el brillante dibujante Frederick Catherwood. La precisión de los dibujos de Catherwood se debe a que trabajaba con la ayuda de una camera lucida, instrumento antepasado de la máquina fotográfica. Su libro, Incidents of Travel in Central America, que fue publicado en Nueva York en 1842, fue un gran éxito. A partir de ello se suceden las misiones científicas, dirigidas a recuperar y restaurar los principales edificios.

El principal atractivo de Palenque no son los templos y estructuras, sino su contenido plasmado en jeroglíficos, representaciones pictóricas y relieves. Simplemente hay que imaginar que una estructura recibe el nombre de “Templo de las Inscripciones” para dimensionar la riqueza de los misterios mayas que se esconden ahí.

Las noticias referentes al Templo de las Inscripciones fueron escasas hasta 1949, cuando el arqueólogo mexicano Alberto Ruz Lhuillier descubrió una gran losa de piedra en el suelo del templo. Al retirarla encontró el comienzo de una escalera bloqueada por una masa de escombros que su equipo tardó tres años en despejar. Entonces, a ras del suelo descubrió una lápida triangular vertical.

Al retirar la losa, Lhuillier abrió una tumba que había permanecido cerrada durante más de mil años. La describió como “una enorme sala vacía que parecía tallada en hielo”. En todas las paredes había relieves que representaban a los nueve Señores de la Noche venerados por los mayas. Ahí se encontró una lápida de 5 toneladas colocada sobre un sarcófago.

Dentro del sarcófago encontraron los restos de un hombre. Su cuerpo y su rostro permanecían cubiertos de joyas de jade que contrastaban con el revestimiento rojo de la tumba. La máscara funeraria, de mosaico de jade e incrustaciones de obsidiana y nácar en los ojos, es la famosa pieza “Máscara en jade del rey K'inich Janaab' Pakal”, uno de los tesoros más reconocidos en el mundo, y ahora expuesta de manera permanente en el Museo Nacional de Antropología e Historia de México.

Otros edificios importantes son el Palacio, los Tres Templos; el de La Cruz, el del Sol y el de la Cruz Foliada, el Acueducto, El Templo de los Leones, un Juego de Pelota y otros, incluyendo residencias, tumbas y pequeños templos.

Una visita al sitio arqueológico comprende la observación de cerca de cien estructuras de diferente tamaño; sencillas y complicadas, en cada espacio del terreno irregular de 2.5 kilómetros. Hay quienes estiman que apenas se ha desenterrado menos del 10%, y se cree que hay mucho más bajo la selva de Chiapas.

Palenque todavía tiene muchas sorpresas que darnos, y tal vez, un visitante cualquiera devele un nuevo enigma de este lugar etéreo.

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