None

El Rosario y la Sotana sin Cabeza

Ecos de Valentía

En Villa de San Felipe El Real de Chihuahua se había dado la instrucción de no mostrar piedad o simpatía por los prisioneros insurgentes que llegarían, a menos que se deseara agraviar a la corona española.

Entre los cerca de cincuenta cautivos estaban Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende y Mariano Jiménez… Todos fueron llevados, en condiciones deplorables  y entre mediaciones y torturas, a la prisión.

Justo María Chávez Aguilar trabajaba en ese lugar. Simpatizante secreto del movimiento independentista, el ver al cura Hidalgo ahí le hizo sentir tristeza. Cuando tuvo la oportunidad entregó directo en manos del cura un rosario sevillano de carey con un crucifijo de oro. Don Miguel se conmovió y le agradeció el gesto.

Durante muchos días Justo María visitó al prisionero y siempre lo encontraba de la misma manera: en oración, sosteniendo el rosario entre sus manos y con un rostro de paz, tranquilo, a pesar del dolor que le provocaba saber que sus compañeros iban siendo fusilados con el paso del tiempo.

Un domingo, antes del fusilamiento del líder del movimiento, Justo logró verlo por última vez y le regaló unos dulces… Miguel Hidalgo y Costilla fue fusilado el lunes 30 de julio de 1811; cercenaron su cabeza y el resto de su cuerpo fue enterrado en una pequeña capilla de San Antonio de Padua.

Durante muchos años el rosario de Sevilla estuvo en posesión de distintos clérigos, hasta que llegó al Archivo Histórico del Estado de Chihuahua y ahí se quedó, hasta desaparecer en un incendio ocurrido en 1940.

En ese ir y venir, se cuenta que en el lugar donde estuvieron los restos mortales del cura hasta 1823, se instaló tiempo después una panadería, la “Espiga de Oro”. El panadero a cargo relataba que al ser él un niño veía salir del templo de San Francisco una lúgubre sotana negra de un cura sin cabeza, que recorría despacio la calle y atravesaba las paredes, acompañada de un viento frío y fuerte que alteraba a los animales cercanos.

Ésa es una historia enterrada entre los habitantes del lugar, que parece extender la presencia de un hombre mucho tiempo después de su fusilamiento.

El Rosario y la Sotana sin Cabeza

Escucha la leyenda de El Rosario y la Sotana sin Cabeza.

Audiospot

Compartir página

Más sobre Chihuahua

Más Leyendas

¡Te queremos con nosotros!

Suscríbete a nuestro newsletter y acompáñanos a descubrir México