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El Cerro del Muerto

Una Fantástica Elación

Se cuenta que hace mucho tiempo caminaba por la ladera de un monte cercano a Cuatro Ciénegas un hombre llamado Juan Diego… el mismo indígena noble que fue elegido por la Virgen de Guadalupe para revelársele en el cerro del Tepeyac. Iba cargando dos fardos de rosas y nardos.

Cansado, decidió sentarse para recobrar fuerzas, comió de sus raciones y bebió agua de los manantiales cercanos; sin embargo, estaba tan exhausto que cuando se recostó un poco se quedó profundamente dormido.

Entonces, desde las cristalinas aguas de los manantiales surgieron unas hermosas ninfas, quienes al verle dormido decidieron gastarle una broma y jugar con él y sus cosas. Algunas movieron sus pies, otras hicieron nudos en su cabello, pero hubo otras que tomaron las flores y empezaron a desperdigarlas por toda la zona.

Sorprendentemente, al contacto con la tierra las semillas y los pétalos se transformaron en mujeres, quienes caminaron y se dispersaron, poblando toda la región. De igual forma, de las espinas de las rosas nacieron hombres determinados…

Juan Diego despertó y al descubrir que sus fardos no estaban comenzó a buscarlos desesperadamente. Al no lograrlo después de mucho rastrear se dio por vencido y siguió caminando, esta vez sin rumbo fijo y con la mirada perdida.

Eventualmente decidió subir la ladera hacia lo alto del cerro y cuando llegó a la cima notó cómo a lo lejos florecían rosas, nardos, mujeres y hombres; cosa que le trajo enorme satisfacción. Sintiendo que su misión estaba completa, Juan Diego desfalleció sobre el cerro y murió, con la mirada fija en el cielo azul.

Es así como se platica el origen de las mujeres y los hombres de la región de Coahuila… gente fuerte, comprometida y generosa.

El Cerro del Muerto

Escucha con atención la fantástica historia de la creación del hombre y la mujer

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