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San Miguel de Allende

Corazón de Historia y Cultura

En 1542, un misionero franciscano llamado Fray Juan de San Miguel fundó una pequeña misión cerca de un riachuelo al que los nativos chichimecas llamaban Itzquinapan, y la bautizó con el nombre de San Miguel de los Chichimecas.

Por aquella época, el flujo de minerales de los territorios que ahora comprenden los estados de Zacatecas y Guanajuato hacia la Ciudad de México y Veracruz iba en aumento. Los españoles crearon el Camino Real de Tierra Adentro para trasladar las mercancías, y aquella pequeña misión franciscana quedaba justo en el medio.

Por esta razón, en 1561 nace San Miguel el Grande, por orden directa del Virrey Luis de Velasco.

El pequeño pueblo creció impulsado por la ruta comercial de la que formaba parte y en el siglo XVIII era ya un importante centro de comercio donde se negociaban sarapes, mantas, telas de lana, alfombras, arneses, machetes, cuchillos, espuelas, estribos y muchos, muchos metales.

A principios del siglo XIX, este dinamismo comercial propició otro… el cultural. Junto con Guanajuato, Querétaro, Valladolid y Dolores, San Miguel el Grande formó parte de las ciudades en donde se gestó una conjura en contra de los españoles, que derivaría, después de años de lucha, en la Independencia de México.

En 1826, cuando la guerra había terminado y se ordenaba un nuevo país, este poblado fue elevado a ciudad y se cambió su nombre para honrar al héroe independentista que vio nacer.

San Miguel el Grande se convirtió en San Miguel de Allende.

Desafortunadamente, después de nacer se volvió una ciudad olvidada, al punto en el que a inicios del siglo XX estuvo en riesgo de convertirse en un pueblo fantasma.

Sin embargo, en 1926 el Gobierno Mexicano le declaró Monumento Histórico, en reconocimiento a su profundo legado en la formación del país. No se podrían cubrir sus paredes con carteles, publicidad o anuncios espectaculares; ni se podrían realizar demoliciones arbitrarias, ni ningún otro tipo de desfiguro arquitectónico. San Miguel de Allende debería conservarse en toda su esencia para México y para el mundo entero.

Sus edificios de cantera serpenteando una colina, sus casas antiguas, sus impresionantes conventos y sobre todo, su caudal de recuerdos corriendo por sus empinadas calles, poco a poco atrajeron la atención de foráneos, sobre todo artistas, que con su sensibilidad reconocieron un lugar extraordinario al centro de México.

Cuentan que en 1937, Stirling Dickinson, un escritor y pintor norteamericano que paseaba por el pueblo, se sentó una mañana en el jardín frente a la catedral. La niebla envolvía sus torres. Al verlas, dijo en voz alta: "Dios mío, qué espectáculo", y quienes estaban a su alrededor le seguían en su embeleso. Luego bajó la cabeza y dirigiéndose a sus espectadores, soltó: "Me voy a quedar a vivir aquí".

Dickinson cumplió lo que dijo aquella mañana frente a la catedral y murió en San Miguel de Allende, donde descansa en su tumba del panteón de Nuestra Señora de Dolores.

Luego vinieron otros estadounidenses que al finalizar la Segunda Guerra Mundial descubrieron el pueblo y, al lado de sus familias, comenzaron a pasar largos periodos en él gracias a la acreditación que el sistema educativo de su país otorgó al Instituto Allende, fundado en 1950.

Y así, lentamente, San Miguel de Allende fue tornándose en un pequeño lugar cosmopolita con ciudadanos de todo el mundo. Su imán turístico pronto hizo renacer el esplendor de sus calles y edificios.

En su paisaje colonial, como detenido en el tiempo, sobresalen monumentos como La catedral de cantera rosa de San Miguel Arcángel. Un impresionante edificio neogótico terminado en 1880; la Casa del Mayorazgo de la Canal, con su impactante fachada neoclásica concluida a finales del siglo XVIII o El Museo Histórico de San Miguel de Allende, instalado en la casa de estilo barroco que vio nacer al héroe de la patria.

Tampoco dejes de visitar el Centro Cultural Ignacio Ramírez, El Nigromante, o Ex Convento Leal de la Concepción, con su enorme patio del siglo XVIII, y con sus murales de David Alfaro Siqueiros y Eleanor Cohen.

Otro monumento importantísimo es el Santuario de Jesús de Nazareno de Atotonilco, a 14 kilómetros de la ciudad. Se trata de un sorprendente templo barroco que pretendía semejar el Santo Sepulcro de Jerusalén y que en su interior alberga extraordinarios murales del pintor barroco español Juan Rodríguez Juárez.

Recorrer San Miguel de Allende es hacer un recorrido por un pequeño mosaico del mundo. Aquí está lo prehispánico, lo español y lo que de ese encuentro nació. Aquí están los restaurantes libaneses e italianos, los bares con jazz de Nueva Orleans y las cantinas y las pulquerías. Los tianguis, las bibliotecas con libros en inglés y las fiestas de Semana Santa…

Faltas tú.

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