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Leyenda de Tepoztécatl

Vivencias del Señor de Tepoztlán

Hace mucho tiempo, una doncella que nunca había conocido varón fue a bañarse al arroyo de Axitla, al pie del cerro de Ehcatepetl, donde el dios viento la envolvió. Tiempo después, creció en su vientre el resultado de aquél encuentro.

El padre de la joven buscó reparar la afrenta. Ofendido por la deshonra a su familia decidió llevar al pequeño y abandonarlo en un hormiguero, esperando que las criaturas terminaran con él; sin embargo, al día siguiente fue y se sorprendió al ver que no lo habían devorado, sino cuidaban de él.

Lo tomó y dejó entre las pencas de un maguey, donde vio cómo éstas se inclinaban y le daban de comer…

Frustrado, lo dejó en una caja para que las aguas de un río lo alejaran, pero tampoco logró su cometido. Finalmente decidió regalarlo a un matrimonio de viejos que deseaba un hijo.

Con el paso del tiempo el niño creció y maduró. Pidió a su padre unas sandalias para poder pasear por todos lados y tiempo después un arco, para cazar y asegurar que nunca le hiciera falta comida a su familia.

Sorprendió a su padre al disparar una flecha al cielo y hacer caer un conejo, una paloma, un venado…

En aquél entonces vivía un gigante llamado Xochicálcatl, que se alimentaba de personas, preferentemente ancianos que ya no servían para trabajar. Fue así que un día los ayudantes del coloso llegaron a casa de Tepoztécatl demandando el sacrificio de su padre; al final, después de una breve negociación, decidieron llevarse al hijo, no importaba, el gigante sólo quería satisfacer su apetito.

Metieron al joven en un horno, donde comenzó a transformarse en distintos animales: un venado, un gavilán, un conejo… Los ayudantes se asustaron y le llevaron frente al gigante, a quien Tepoztécatl pidió que lo devorara entero.

Así lo hizo y por unos momento estuvo satisfecho, hasta que empezó a sentir terribles dolores en sus entrañas, provocados por su reciente presa, quien se movía en su interior hasta que le hizo estallar.  Logró salir, eliminando el yugo del gigante.

El hombre llegó a Cuernavaca y ahí enfrentó el rechazo por parte de la gente, quienes le persiguieron para darle caza hasta que creó una barranca con su orina para alejar a sus perseguidores.

Llegó al cerro de Tepoztlán y ahí estuvo un tiempo, hasta que decidió bajar y reencontrarse con sus padres. Su pueblo lo tuvo en gran estima y lo designaron Señor de Tepoztlán.

Ésta es la historia de Tepoztécatl, como los abuelos la contaron a padres y padres a hijos y ahora contamos entre nosotros.

Leyenda de Tepoztécatl

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