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Danza del venado

El Ciclo de la Vida

Malichi, malichi, malichi” (Ciervo, ciervo, ciervo)
Yeu se gueye cai tuca aniapo” (Al mundo va saliendo de noche)
Ca into segua bampo yeyegue” (Ya no juega el agua ni la flor).

Así es el primero de los versos, en lengua yaqui y en español, de la Danza del Venado; una de las expresiones dancísticas mexicanas más apreciadas dentro del país, y el mundo. 

En su contexto universal, esta danza refiere a un simbolismo que implica el sacrificio de una deidad en pos de la regeneración de la vida. Para los indígenas Yaquis y Mayos de los estados de Sonora y Sinaloa, se trata de un ritual ancestral en el que la deidad es el venado Cola Blanca, que aún habita los ecosistemas en torno al desierto del norte de México.

El respeto y veneración de los indígenas mexicanos por el medio ambiente, los llevó a reconocer la belleza esencial de este ser vivo: su agilidad, la elegancia de sus movimientos y su noble existencia (pues es un rey en el campo, al tiempo que alimento de lobos y humanos, por lo que se considera un acto de dignidad alabarle en su sacrificio).

Desde el punto de vista occidental, la Danza del Venado es el drama de la vida y la muerte, en referencia al acto de la cacería. En la cosmogonía prehispánica se pone atención a los detalles que hacen de esa existencia algo sagrado, algo que embellece al mundo, que le da equilibrio y gracia, y que no sólo significa consumo de unos contra otros.

Para el ritual de la danza se requieren cuatro personajes: El venado, un joven ágil, delgado y fuerte, dedicado desde niño (alimentado y preparado especialmente por su comunidad para interpretar el papel principal). Dos cazadores o pascolames, quienes además representan las circunstancias naturales en la vida del venado, como una serpiente, un río, una empalizada…

El complemento de la puesta en escena, es el cantor, que a manera de juglar declama los versos y relata el drama en lengua primitiva.

El joven que interpreta al venado se disfraza con un tocado hecho con una cabeza disecada, baila descalzo portando un calzón de manta, con el torso desnudo; usa  paliacates amarrados en las muñecas y un pañuelo adornado con listones o flores, que cubre parte de su cara dejando libres sus ojos. Todo el tiempo, con ambas manos, repara usando unas sonajas.

Los pascolames portan traje completo de manta y una máscara negra pintada de blanco y adornada con barbas de fibras vegetales; portan arcos de cacería y sonajas con las que desde un principio imitan los movimientos del venado para atraerlo, acosarlo y, finalmente, matarlo.

El danzante venado se abstrae tan profundamente en el personaje que ejecuta saltos, movimientos de cabeza, se revuelca y bebe agua, tal como se hubiera adquirido el alma del animal, lo que resulta en un acto espectacular y conmovedor.

Existe una fuerza sincrética que hace de la Danza del Venado un ritual universal. En ella se entrelazan: el amor y comprensión por la naturaleza; la belleza de los movimientos que recrea la danza contemporánea, y la pasión de la vida y la muerte en una secuencia de episodios dignos de otras historias de sacrificio…
 

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