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Cacaxtla

Una Cápsula del Tiempo

En el centro de México, muchos años antes de que llegaran los españoles, hubo una vez dos pueblos que dominaban su mundo: Teotihuacan y Cholula. Dominaban la guerra, la política y la religión, pero un día desaparecieron.

Un grupo de descendientes de esas culturas caminó en busca de un lugar dónde establecer un nuevo hogar. Eran los Olmecas-Xicallanca. Al fin llegaron hasta un lugar llamado Tlaxcala; ahí encontraron una colina desde la que se dominaba un largo y hermoso paisaje. Se veía un cerro al que llamaban Malinche y unos volcanes a los que llamaban Ixtacíhuatl y Popocatépetl.

Era un buen lugar para protegerse de otros pueblos, así que decidieron quedarse y fundar una nueva ciudad, a la que nombraron Cacaxtla, que significa “lugar donde muere la lluvia en la tierra”.

No sé sabe cuándo empezaron, pero la ciudad alcanzó su esplendor entre el año 650 y 900 e. c. Como la mayoría de los pueblos de Mesoamérica, primero construyeron una ciudad y luego otra encima y luego otra y otra… hasta que lo hicieron nueve veces y el basamento sobre el que estaba asentada la ciudad llegó a medir 200 metros de largo por 110 de ancho.

Sobre dicho basamento quedaron los edificios principales: templos, palacios, edificios públicos y las casas de las personas más poderosas. Cuenta la historia que Cacaxtla fue un lugar donde hubo riqueza y una elite influyente, porque el lugar que eligieron resultó ser un punto estratégico para comerciar con los pueblos del sur, del golfo y del centro de México.

A pesar de su poderío, un día perdieron una batalla en Cholula, contra un pueblo que venía desde Tula, los Toltecas… y dejaron de existir.

Un día, en 1975, un campesino estaba labrando la tierra y se encontró con una piedra pintada muy rara. Escarbó un poco y vio que abajo había más piedras pintadas. Avisó a las autoridades pertinentes y eventualmente se comenzaron trabajos de excavación que revelaron algo maravilloso.

Una ciudad enorme que contaba la historia de un pueblo extraordinario, un pueblo que había dominado esas tierras por 300 años. Había influido en las ciudades a su alrededor, así como dominado y conquistado a sus enemigos. Poco a poco fueron sacando los secretos enterrados; vasijas, herramientas, armas, ofrendas, palacios, templos. Todo renacía.

Poco a poco también se revelaron unos hermosos e increíblemente bien conservados murales, entre los motivos había un hombre con todo el cuerpo pintado de negro, ataviado de plumas y parado sobre una serpiente emplumada. Un hombre con pieles de jaguar que sostiene un atado de lanzas desde las que escurren ocho gotas de agua sobre una serpiente con otra piel de jaguar que se arrastra o nada en una especie de riachuelo. Una mujer con el cuerpo pintado de azul como el dios de la lluvia, Tláloc, parada al lado de un hombre con cola de alacrán.

Una batalla atroz en la que un ejército vestido con trajes de jaguar entierra sus armas con fiereza sobre un ejército huasteco, desmembrado, que sangra sobre sus atavíos de plumas. Un comerciante con yelmo de jaguar y garras como uñas, cargando tras de sí un atado de plumas, una concha de tortuga y una cabeza de lagarto. Todos en tamaño real y en colores brillantes… azul, amarillo, blanco, rojo y negro.

Los motivos de los murales provienen de la cultura maya, lo que indica que existieron numerosas influencias culturales en el pueblo de Cacaxtla. Además, al terminar de desenterrar, el trazo urbano se reveló como altamente organizado, con rasgos jerárquicos, políticos y religiosos.

Al centro de uno de las plazas, conocida como el Patio de los Altares, se encontraron dos cistas (cajas) con ofrendas y restos humanos, sobre todo de niños, que suponen sacrificios a los dioses. Un templo a Venus; una pequeña habitación a la que se llamó la Periquera porque se piensa que estaba dedicada a la cría de aves; pórticos, muchos pórticos, y un elemento único en la arquitectura mesoamericana: la celosía, una especie de tejido de piedra y estuco, como un biombo, que servía para dividir las habitaciones.

Conforme avanzaron los descubrimientos en la zona, los arqueólogos encontraron que los materiales de las paredes eran muy frágiles y la lluvia podría diluirlos con facilidad, además de que el sol, sobre todo, decoloraría rápidamente los murales que quedaban expuestos, así que decidieron cubrirla.

Ahora todas estas maravillosas historias y lugares están disponibles para visitas públicas, permitiéndonos deleites sensoriales de todo tipo.

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