La Mulata de Córdoba

Leyendas

Le apodaron Soledad, por su hábito de vivir alejada del trato social común, por mantenerse soltera y por siempre rechazar a todos los pretendientes que se enamoraban con observar su abrumadora belleza; ni ésta le libró de ser discriminada por su color de piel, al ser hija de padre español y madre negra.

Esta misteriosa mujer, la Mulata de Córdoba, inquietaba a los supersticiosos. Constantemente se escuchaban rumores de satanismo y brujería entre los vecinos, había quien la espiaba para corroborar sus delirios.

A pesar de esto, ella dedicaba mucho de su tiempo a la caridad: escuchaba a los necesitados, brindaba ayuda a las mujeres desesperadas en búsqueda de marido, a los desempleados, los necesitados de consejos o de remedios herbolarios; a todos dejaba tranquilos y sanos.

Don Martín de Ocaña, alcalde de la Villa de Córdoba, la acusó de haberle seducido a través de un brebaje. Decía haber perdido la razón y no poder dejar de pensar en ella, al punto de enviarle innumerables regalos y constantemente ofrecerle su pasión y atención… su enamoramiento no lo dejaba comer, dormir o trabajar, así que la sentenció a morir en la hoguera.

Acusada de satanismo y brujería fue encarcelada. Algunos dicen que en la Fortaleza de San Juan de Ulúa y otros afirman que fue llevada hasta el Tribunal de la Santa Inquisición en la Ciudad de México; lo cierto es que debía esperar a ser ejecutada en público, pero la sentencia nunca se llevó a cabo.

El carcelero comenzó a sentirse atraído a la hermosa prisionera y ésta aprovechó para pedirle un pedazo de carbón… no pudo negárselo.

Durante sus últimos días, Soledad inició el dibujo de un barco en uno de los muros y cada mañana preguntaba al guardia qué detalles le faltaban a la obra para estar terminada. Él ayudaba y ella seguía dibujando.

Llegó un momento en el que su trabajo era tan impresionante que el carcelero mencionó que al barco sólo le faltaba andar… fue entonces cuando la Mulata de Córdoba saltó y entró al barco, el cual desapareció en la esquina del muro mientras ella se despedía con la mano…

Nadie la volvió a ver desde entonces.